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Daruma
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La experiencia de la muerte en el camino espiritual

Cuando afrontamos una pérdida, experimentamos la impermanencia. En esta experiencia no hay lugar para el pesimismo porque todo cae y todo muere, porque nuestros cuerpos envejecen y se descomponen. No hay tensión ante la muerte, ni especulación sobre la vida en el más allá, y aunque el proceso va acompañado de dolor, el cual forma parte de la condición humana, el sufrimiento (es decir, añadir más dolor al dolor natural) creado por nuestras mentes no tiene cabida. Es importante reconocer que nuestra hora debe llegar en un momento u otro y que el tiempo no se pare en nosotros ni nosotros en el tiempo. Ser hombre/mujer, es ser único durante cierto tiempo y después pasarle la antorcha a los demás. Sabemos que nos vamos a ir, pero hace falta cierta sabiduría para reconocer que es conveniente. Dentro de las tradiciones espirituales, con referencia a la muerte se han desarrollado diferentes rituales de gran significación. Francisco de Asís cantaba a la muerte como a una hermana, no como una bruja que viene a arrebatarnos la vida, sino como a una hermana que nos introduce en en reino de la plena libertad. En el budismo zen, por ejemplo,se habla de la muerte como un momento importante de la vida, y si seguimos una práctica espiritual, sabemos que es importante poder trascender la muerte; y solo la trascendemos si experimentamos la verdadera naturaleza de nuestro YO espiritual que está más allá del nacer y del morir.Debemos estar listos cuando llegue nuestra hora. Y que la hora sea incierta es una gran lección de la vida, especialmente en nuestras generaciones atormentadas por el deseo de certidumbre y la obsesión de seguridad. La incertidumbre de no saber si existirá un mañana, me permite vivir con toda intensidad el hoy como si fuese el último y definitivo. Puedo entonces reconocer que todo acto es único e irrepetible, que cada día contiene la vida entera. Vivo entonces en la creación continua y no en la repetición de actos mecánicos. Puede suceder, sin duda, que no seamos capaces de vivir siempre a la altura de esta intuición, pero no podemos negar el conocerla, si vivimos una vida verdaderamente auténtica, libre de todo ego. Entonces existe en nosotros una fuerza sin ego, con la cual conseguimos identificarnos cuando nuestro corazón es puro y cuando vivimos en la plena consciencia. Si nos aferramos a la vida, a nuestro ego, a nuestra misión, a nuestra tarea, a nuestro ideal, o todavía peor, a nuestros bienes, nuestra familia, los amigos, el mundo, si no lo dejamos todo e insistimos en construir monumentos a nuestras creaciones, y aspiramos a controlar todo lo que nos hemos construido con tanto esfuerzo para que no se pierda, la VIDA será asfixiada. Debemos ordenar nuestras vidas, no para el futuro, sino para el presente. Somos transitorios, o mejor, partícipes de la Danza Cósmica, del ritmo constante de todo, del desplegarse total de la realidad. Asumir nuestra condíción humana, darnos cuenta de que nuestro tiempo se acabará y que debemos irnos, el estar convencidos de que la VIDA no puede ser dirigida ni controlada, es una experiencia suprema que nos hará crecer en consciencia y elevarnos a un plano espiritual más alto, porque, quien sabe morir a todos sus apegos egoístas (incluso al apego a la muerte), ya no muere nunca más.

Editado por nuria en 25/05/2012 - 16:43
nuria
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Y ahora mi opinión...

Por supuesto opino igual que tú, Daruma

Por decirlo de alguna manera, es cierto que es tonto sufrir por algo que es tan claro y evidente, por algo que sabemos clara e irremediablemente que va a suceder (y hablo desde el concepto y el pensamiento stándard de la muerte, no desde la filosofía inmortalista donde puedes hacer que el cuerpo físico no muera. Ese sería un tema interesante para otro post, por cierto)

Pero la realidad es que solemos sufrir por nuestros apegos, necesidades, inseguridades, miedos, etc.

Y desde luego es que la mayoría de la gente sólo piensa en la muerte cuando ésta es evidente (ya están a las puertas de ella), se han llevado un susto (han estado muy cerca), o ha fallecido alguien cercano a ellos. Aunque este último caso a veces hace que la gente haga precisamente todo lo contrario: No pensar en ella, creyendo que con ello evitan el sufrimiento.

Hablo en plural y en tercera persona pero que conste que, aunque muchas veces pienso en la muerte de la forma "Venga, arregla eso, que no se quede con ese mal sentimiento. Si te mueres o se muere ahora, el que quede con "vida" se va a sentir muy mal" O del tipo "Como ahora te mueras o se muera, el karma que se va a quedar no mola nada. Mejor soluciona esto ahora". O bien: "¿Qué haces? ¿Eres tonta o qué? Estás desaprovechando este regalo de vida ¿A qué esperas? No pierdas el tiempo y ve a la meta de la vida YA, no vaya a ser que hoy mismo fallezcas y a saber cuándo volverás a tener la posibilidad de llegar" Aunque muchas veces pienso en ella, otras muchas yo tampoco la tengo en cuenta, viviendo la inmortalidad del momento o la huída que ansía el ego. Por tanto, hablo en tercera persona pero también vale para la propia...

Por otro lado, en diversas conferencias o talleres que he dado, he podido percatarme de que, una de las cosas que más rechaza la gente de la religión es el típico mensaje: "No te preocupes, no pasa nada cuando mueres. Es más, es maravilloso porqwue entonces vas a poder ver y estar nuevamente con todos tus seres queridos "perdidos". Dios te espera. Confía. Vas a estar bien y feliz... La armonía volverá a ti. Ya no habrá más preocupaciones" Cada vez que se oyen frases de este tipo, también se oyen muchos rechinar de dientes, ja, ja, ja...

A la gente no le vale ni le basta unas palabras de aliento o de fé. E incluso me atrevería a decir que en realidad a nadie nos basta. Nos puede bastar un tiempo, hasta que surge una crisis o hasta minutos antes de fallecer (como he visto a algunos). En realidad la mente humana en así: Sólo nos fiamos al 100% de lo experimentado por uno mismo ¡Y a veces ni con eso basta, necesitando la auto reafirmación con la confirmación de otros!

Y ahí la grandiosidad de las disciplinas espirituales y religiosas ya que éstas pueden ofrecerte, ofrecernos, si nos entregamos a ellas con sinceridad, correcta y globalmente, precisamente eso: una experiencia extracorporal (o muchas, o muchísimas) que nos confirma la "realidad de lo que somos", lo cual precisamente "no" es este cuerpo. Y cuanto más "elevada" sea la experiencia, automáticamente más hondo cala en nosotros, más firmeza tiene, más auto conocimiento nos da, y más entrega, confianza, liberación y "fe" desarrollamos.

Aún así, se puede quedar el miedo al dolor físico. Podemos tener menos miedo a la muerte que a días, meses y años de agonía. O al menos eso creo que es algo que me pasa a mí...

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Algo más sobre la muerte o el fallecer

Algunas veces me he ido a la cama con el sentimiento de: "Ahora quiero cerrar los ojos y dormir porque me siento tan llena, ha sido el día tan completo, gozoso, que como haga, escuche, piense o sienta una cosa más voy a reventar en mil pedacitos esparcidos por las paredes. Es imposible que ahora quepa algo más en mí"

Pues simbólicamente, así me gustaría a mí también sentirme al morir: Sentir y saber que he cumplido la meta de la vida. Sentirme y saberme tan llena y disoluta a cada instante que la muerte no cambia nada.

Opino como tú, Daruma, que al "no saber el mañana podemos vivir el hoy como definitivo" pero... ¡Cuánto me gustaría tenerlo en cuenta a cada instante! Si todos lo tuviésemos en cuenta, incluso en lo práctico sería muy way: Todos dejaríamos el terreno preparado para cuando falleciésemos (económica, material, legal y emocionalmente) y viviríamos cuidando mucho el no despistarnos en vanalidades ni juegos ñoños del ego, no permitiendo dejarnos llevar por el sufrimiento cuando tenemos la posibilidad de vivir la armonía, la alegría y la paz interior. En realidad todo es una decisión interior de cada cual ¿Queremos sufrir o vivir en alegría? ¿Qué sentido queremos darle a nuestra vida?

Si actuásemos así, no habría tantas familias rotas por discusiones de herencia, ni viudas o huérfanos abocados a la pobreza, ni tantos papeleos o juicios en momentos de dolor o de aprender a desapegarse de alguien o de una costumbre, ni tantos niños descolgados... Y desde luego, habría muchísimos menos desprecios, muchísimas menos rencillas, muchísimas menos actitudes egoístas... Pues viviríamos desde el respeto al otro, el respeto a las consecuencias de nuestros actos, sentimientos y pensamientos, el respeto a la vida y el respeto al amor ¿Quién no quiere eso?

Cada día somos como perros que ladramos y mordemos cuando estamos asustados, en vez de dejarnos acariciar por una mano que sólo quiere darnos mimos.

Por último, decir que la ventaja de los Maestros espirituales de los planos "altos" es que estos se presentan al menos unos días antes de que fallezcamos, lo que nos permite solucionar nuestros asuntos "mundanos" para así poder irnos en paz y con pensamientos y sentimientos excelsos. Y por si acaso volvemos a "despistarnos", nos acompañan durante ese momento de tránsito llenándonos de amor y de paz.
Lo he visto en algunas personas que han fallecido.

¡Ah! Y Daruma, genial tu frase "Debemos ordenar nuestras vidas, no para el futuro, sino para el presente" Tiene mucha miga. Hay mucho detrás de esa frase...

¿Qué opináis vosotros?

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Impermanencia (Su significado)

Para aquellas personas que no sepan o duden sobre el significado del término "Impermanencia", os comento:

Impermanencia = Transitoriedad = Anitya

Y a continuación algo que he copiado literalmente de Wikipedia.org :

Anitya es una de las tres características de la existencia, una doctrina esencial del budismo. El término expresa la idea budista de que toda existencia condicionada, sin excepción, está sujeta al cambio; la palabra significa literalmente "transitoriedad", "cambio" o "no permanencia".

(...)

De acuerdo con esta doctrina, la vida humana manifiesta este flujo en el ciclo de nacimiento y renacimiento, envejecimiento y muerte (samsara), y en toda experiencia de pérdida. Puesto que todas las cosas son transitorias, aferrarse a ellas es un empeño vano que conduce al sufrimiento (dukkha).

La única realidad no sujeta a la transitoriedad es el nirvana, que no conoce el cambio, la decadencia ni la muerte.

Anitya, o transitoriedad, está muy ligada a la noción de insustancialidad (anatta); ya que imposibilita que las cosas posean un ser propio perdurable de un instante a otro.

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Edición del post

El post en sí no lo he tocado ni cambiado nada. En este foro se respeta lo que ponen los usuarios tal y como lo ponen.

Al final del post "La Experiencia de la Muerte en el Camino Espiritual" sale la información de que lo he "editado" porque he cambiado su ubicación dentro del foro: desde "Espacio Reservado a algún tema no mencionado hasta ahora" a "Espiritualidad Práctica" aunque bien valdría también el ponerlo en "Mística"

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